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Por Luis Casco

Todo empezó, como tantas cosas en la política mexicana, con un reclamo que nadie quiso escuchar y una frase que nadie va a olvidar.

Filomeno Sarmiento, ex presidente municipal panista de Cuautlancingo, le encaró al actual alcalde morenista Omar Muñoz algo que tiene en el buche buena parte del municipio: haberle cedido al gobierno del estado el cobro del predial, esa fuente de ingresos que es, en términos llanos, el músculo financiero de cualquier ayuntamiento. Y la pregunta que le lanzó Sarmiento no tenía desperdicio: “¿Te faltaron huevos?”

Directa, sin anestesia y con todo el vocabulario de la política de barrio. Uno puede estar o no de acuerdo con el ex alcalde panista, pero hay que reconocerle que al menos dijo lo que pensaba sin envolverlo en burocrés.

Ahora bien, seamos justos. Filomeno Sarmiento no es ningún ángel caído del cielo. Es un panista que viene a cobrarle facturas a un morenista, y en esa bronca hay mucho de cálculo político y poco de amor genuino por Cuautlancingo. Cuando el PAN y Morena se agarran en la calle, los ciudadanos de a pie terminan en medio. Exactamente lo que pasó.

Pero aquí viene lo que no tiene ni color, ni partido, ni justificación posible.

Lo que empezó como un reclamo político terminó en una escena que ningún gobierno debería protagonizar jamás: el equipo del presidente municipal golpeando ciudadanos. Y entre los que repartieron golpes, captado en video atacando a una persona por la espalda, aparece Joshua Alfaro, primo del propio alcalde Omar Muñoz.

Cobardemente, que es el único adverbio que aplica cuando se golpea por atrás y sin avisar.

Pero lo de Joshua Alfaro no es novedad para quienes lo conocen en Cuautlancingo. Vecinos y usuarios de redes sociales llevan tiempo señalándolo como una persona con un historial de violencia bien documentado en la memoria colectiva del municipio. No es la primera vez que alguien amanece con la nariz rota o, como en este caso, con el pómulo, después de cruzarse con él. La diferencia es que antes lo hacía en lo oscurito. Ahora lo hace en video, en plena vía pública, con la confianza de quien sabe que tiene a un primo con cargo y comunicado listo.

Porque eso es lo que hace que este caso sea especialmente indignante: Joshua Alfaro no es un ciudadano cualquiera que se metió en una bronca. Es alguien que, según la percepción de quienes lo conocen, se escuda en el apellido y en el cargo de su primo para hacer lo que le viene en gana. El poder como paraguas para la impunidad. El clásico mexicano de “¿sabes con quién te estás metiendo?”

Y claro, vino el comunicado. Ese documento tan cuidadosamente redactado para no decir nada útil. Permítanme la traducción del burocrés al español de a pie, porque el texto lo requiere.

“Lo sucedido corresponde a un momento desafortunado que no debió escalar.”
Traducción: Le rompieron el pómulo a alguien, pero qué mala suerte la de todos.

“Se rechaza de manera categórica cualquier forma de violencia.”
Traducción: Rechazamos la violencia. La de los otros. La de Joshua fue un momento desafortunado, ya quedamos.

“El gobierno municipal hace un llamado a la prudencia y la mesura ante toda iniciativa que pretenda alterar la tranquilidad del municipio.”
Traducción: Ciudadanos, cálmense. Los que reclaman alteran la paz. Los que rompen pómulos están ejerciendo la vida pública.

Precioso. Un documento así no se escribe, se cultiva.

Y en todo ese comunicado, ¿saben quién no aparece? Joshua Alfaro. Ni una línea. Ni su nombre. Ni un tímido “estamos revisando lo ocurrido con el señor que casualmente es primo del presidente municipal y que casualmente tiene fama de violento y que casualmente salió en el video rompiendo un pómulo”. Nada. Para el gobierno de Cuautlancingo, Joshua sencillamente no existe.

Como decía mi abuela: “El que calla, otorga.” Y ese silencio sobre el primo retumba más que todos los reclamos de la tarde.

Mire usted, señor Omar Muñoz: que Filomeno Sarmiento venga a cobrar facturas partidistas no lo hace víctima. Que la confrontación tuviera tintes políticos no borra los golpes. Y que su comunicado llame a la mesura sin mencionar al agresor que salió en el video, sin decir su nombre, sin ofrecer una sola disculpa a quien le rompen el pómulo, pues eso no es gobernar. Eso es tapar el sol con un dedo muy bien redactado.

La pregunta que Cuautlancingo le hace a su alcalde ya no es solo la de Filomeno Sarmiento. Ahora es otra: ¿hasta cuándo va a permitir que su primo siga rompiendo caras con su apellido de escudo? ¿O es que gobernar también incluye hacerse el desentendido cuando el violento es de la familia?

Un gobierno que golpea a su gente ya perdió los argumentos. Un comunicado que no nombra al culpable protege al culpable. Y una administración que descuida la seguridad, ignora la obra pública y encima permite que sus allegados rompan pómulos en la calle y salgan impunes, pues ya perdió algo muy difícil de recuperar: la cara. En todos los sentidos del término.

Qué lástima de gobierno. Y no lo digo con rabia, lo digo con esa tristeza mexicana que da cuando ves que las cosas pudieron ser diferentes y nadie quiso que lo fueran.

Con todo respeto, señor alcalde: sus vecinos no salieron a alterarle la tarde. Salieron a pedirle cuentas. Que es, precisamente, para lo que usted fue electo.

Ah, y sobre Joshua Alfaro… el video ya anda circulando. Por si no lo había visto.

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