La deuda con las mujeres rumbo a 2027Escucha a Luis CascoPor Luis CascoEn la política poblana, como bien dice el dicho, del dicho al hecho hay mucho trecho. Y esta semana tuvimos dos postales que, juntas, pintan el retrato completo de lo que podría venir rumbo al 2027: el discurso de inclusión… y la práctica de selección. Por un lado, el gobernador Alejandro Armenta levanta la mano —y la voz— para pedir algo que, en pleno 2026, ya no debería ser petición sino regla: que los partidos impulsen a mujeres, pero de verdad. No como relleno, no como cuota, no como esas candidaturas que parecen más bien “para cumplir”, donde la derrota está cantada desde el arranque. El señalamiento no es menor. Puebla arrastra una deuda histórica con la representación femenina. Dos alcaldesas en la capital, una gobernadora en toda su historia… números que no necesitan interpretación, se explican solos. Y en ese contexto, el mensaje es claro: no se trata de poner mujeres, sino de ponerlas donde puedan ganar.Pero mientras ese discurso suena firme desde el poder, en la otra esquina del ring político el PAN afina su propio método: encuestas para definir candidaturas. En papel, suena democrático, moderno, hasta ciudadano. ¿Quién podría estar en contra de escuchar a la gente? El detalle —porque siempre hay detalle— está en la letra chiquita que no viene en los comunicados. Las encuestas miden popularidad, sí; pero la popularidad no siempre es sinónimo de capacidad, ni mucho menos de equidad. Y en un terreno históricamente desigual para las mujeres, confiar todo al “quién mide más” puede terminar perpetuando lo mismo de siempre, pero ahora con aval estadístico. Porque seamos claros: si a una mujer la mandan a un municipio donde su partido no levanta, ni la mejor encuesta la salva. Y si a eso se le suma que muchas veces ellas tienen menos exposición, menos recursos y menos estructura, entonces la cancha no está pareja, aunque el método lo presuma.Ahí es donde el contraste se vuelve evidente. Mientras desde el gobierno se pide no simular con las candidaturas femeninas, los partidos —no solo el PAN, pero hoy en voz de ellos— apuestan por mecanismos que, sin ajustes de fondo, podrían terminar haciendo justo eso: simular, pero con gráficas y porcentajes. Como diría el clásico, no es lo mismo ser borracho que cantinero. Una cosa es el discurso de la equidad y otra muy distinta es diseñar procesos que realmente la garanticen. Y en política, donde las formas son fondo, la pregunta queda en el aire: ¿de qué sirve hablar de abrir espacios si los filtros siguen cerrando las mismas puertas de siempre? Porque al final, no hay peor engaño que el que se disfraza de avance. Y rumbo al 2027, Puebla tendrá que decidir, con todo respeto, si quiere más de lo mismo… o si de verdad va en serio eso de cambiar las reglas del juego.